Me ha sorprendido y entristecido la noticia de que un grupo contra la experimentación con animales italiano ha puesto carteles con el nombre, la dirección y el número de teléfono de científicos que realizan este tipo de experimentos. La intención intimidatoria creo que queda clara (si tienen tantos datos suyos podrían haber organizado una protesta en la puerta de su casa, cosa que me seguiría pareciendo absurda pero sería más valiente y mucho menos malintencionada), y me parece que es un ejemplo de cómo las personas aparentemente bienintencionadas pueden hacer mucho daño.

Aclaro (y creo que no debería merecer aclaración) que el sufrimiento gratuito de los animales no me aporta ningún placer. Aunque creo que los animales no tienen derecho a la vida de la misma forma que sí lo tiene una persona (y si creyera lo contrario no podría comer carne sin ser una hipócrita), no me parece adecuado infligir dolor si puedo evitarlo. Todos los científicos que experimentan con animales que he conocido están muy apegados a éstos y están rigurosamente entrenados para no hacerles daño en ningún procedimiento ni causarles estrés. Sé que las anécdotas personales no son una prueba muy rigurosa, pero reflejan unánimemente lo contrario de lo que bastantes animalistas (no todos, afortunadamente) parecen pensar: que los científicos no se preocupan por las condiciones de los animales y su sufrimiento.

Estoy a favor de un control muy estrecho de la experimentación con animales, y puedo decir que en Reino Unido se concede el permiso para hacerlo bajo condiciones muy estrictas. Se debe demostrar que el experimento no se puede hacer sin animales, y que es suficientemente importante en cuanto a posibles avances científicos. Se sigue el principio de las tres R: reducción de animales que se vayan a usar al mínimo posible, refinamiento del trato a los animales para que se evite al máximo su sufrimiento, y reemplazar este método por otros que no usen animales cuando sea posible. También se sigue un orden jerárquico con los animales, sustituyendo aquellos de mayor inteligencia y complejidad (y por tanto más conscientes de su vida y entorno) por otros más “sencillos”. Así, se usará un ratón mejor que un mono y un gusano mejor que un ratón.Todo el personal que esté en contacto con animales debe haber pasado un examen de su manejo, cuya preparación dura varios meses. Además, todos los animales deben ser sedados para cualquier experimento que les pueda causar dolor. Esto incluye, entre otras cosas, quitar puntos de sutura (algo que no se hace que yo sepa con las personas, a mí no me pusieron ni anestesia local). Esto no significa, por supuesto, que no se deban incrementar los controles para vigilar que las leyes se cumplan. También hay que endurecer éstas en los países en las que sean demasiado laxas. Sin embargo, prohibir la experimentación con animales se trataría de un grave error que limitaría los avances de la ciencia.

La realidad es que ahora mismo no hay suficientes métodos para probar la toxicidad de fármacos (su uso más importante) que no sea con animales. Se hacen ensayos en fases preliminares con células animales, y éstas también son usadas mayoritariamente en investigación básica, pero para saber qué dosis darle finalmente a un sujeto de prueba humano hay que ver cómo se comporta en un organismo complejo. Lamentablemente, las simulaciones informáticas aún se basan en modelos demasiado simples y poco fiables, y los modelos alternativos (como células epiteliales humanas) están limitados a ciertos tipos específicos de fármacos. Hay modelos novedosos de microdosis para medir el umbral de toxicidad directamente en humanos, pero no tienen ni diez años y la fiabilidad de su escalado (la predicción de cómo se comportará el fárma

co si aumentamos la dosis) sigue siendo baja. Sin duda se debe seguir investigando en este sentido, pero paralizar las investigaciones con animales sería una irresponsabilidad para con todos los enfermos que se podrían curar de diversas enfermedades en el lapso de tiempo que pase hasta tener métodos alternativos de experimentación fiables. Y mientras tanto, probar con humanos tiene unos riesgos que no creo que nadie deba asumir, por mucho dinero que paguen por ensayo.Experimentar con animales es caro y lento, bastante más que los métodos alternativos actuales. Creo que las farmacéuticas y los gobiernos serían los primeros interesados en no seguir usándolos si surgiera algo igual de efectivo. Mientras tanto, creo que deberíamos seguir valorando más la vida de las personas enfermas que las de los animales de laboratorio.